domingo, 12 de junio de 2011

El mal regresará, mas sus suaves caricias; insípido viento, asesinarán los rezagos de su hedor.
Fortuito será el fantasioso y quimérico fuego entre los dos, él posee el sol naciente que mi luna aguarda con temor, él me obsequia un sol ferviente de incesante calor.
Ya en mis días de penumbra esbozaba con nostalgia el insano sabor del destierro y la sonrisa escondida tras un taciturno reflejo.
Ya en mis días de penumbra presenciaba un fascinante dolor.
No he de girar el velo ni la aureola ha de brillar por sí sola, el fulgor de ese misterio vivirá en la matriz del inmolable infierno saturniano.
Se ha de nutrir de la vivas hojas de alegría, ha de existir de los bellos lagos de armonía. Mas el sendero tenebroso, será cautivo de las sacras y sollozantes familias del arcén de lo fatuo.
La ligera fragancia seducirá al prisionero, lo hará un diabólico y contumaz enemigo de lo perverso y saciaremos juntos el placer de lo etéreo.
Aquel vetusto árbol de obscuras y burdas raíces, quedará en el olvido y ésos, sus pútridos frutos perecerán en un profudno río de agusanados canales.
Exótica y sanguinolenta descubriremos la indumentaria de nuestro preciado amanecer, en un cielo maravillosamente intocable y rebosante de excitación.
Así aclamaremos al Dios que